Sexta, 18 de Agosto de 2017
   
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‘Sí’ a la Fe de las Iglesias Tradicionales

Hace poco leí que no es sin razón que la crítica a las iglesias tradicionales crece día a día. Algunos afirman que estas iglesias son retrógradas, frías y sin amor, teniendo líderes con mentalidad cerrada que todavía acogen y tratan de cumplir fielmente las orientaciones de las Escrituras.

De acuerdo con sus críticos, el "radicalismo tradicional" lleva a las iglesias a considerar la Biblia infalible e inerrante y la Palabra del Señor, una revelación innegociable. Así, las transforman en extremistas en el campo de la fe o, como dicen, "cerradas en la Biblia".

La verdad es que debemos diferenciar tradición y tradicionalismo. La tradición es la fe viva de aquellos que ya murieron, mientras que el tradicionalismo es la fe muerta de aquellos que todavía están vivos. Tradición tiene que ver con el fervor espiritual que inicialmente marcó a aquellos que nos precedieron en la historia de la fe. Es lo que los héroes del cristianismo nos legaron con su testimonio de vida. Ya el tradicionalismo se une a prácticas e invenciones de hombres que anhelan controlar, manipular y sacar provecho de las personas. El tradicionalismo todavía se convierte en lo que quiere mostrar a las personas, es decir, se preocupa con lo que los hombres piensan, tratando de complacerlos con posturas, hábitos y formas artificiales.

Las iglesias de tradición (no las del tradicionalismo) no agradan a la mayoría de la gente porque dan la espalda a las modas contemporáneas y a la opinión de los hombres. Sus servicios de adoración están marcados por la reverencia y la enseñanza, nunca dando espacio para danzas frenéticas, promesas vacías, "unciones" milagrosas, gritarías sin sentido, ecumenismo velado (¡o abierto!) y otras prácticas que son contrarias a las santas órdenes de nuestro Dios. Ahora bien, es obvio que la seriedad bíblica, expresada en la enseñanza expositiva y consistente de las Escrituras, no atrae multitudes. Atraer multitudes, sin embargo, no es función de la iglesia. Su tarea es, más bien, dar testimonio de Cristo (Mt 28.19-20). Quien atrae personas para salvar es Dios (Hch 2.47).

Si la función de la iglesia fuese atraer multitudes, Jesús habría fundado un circo, con payasos y mucha diversión. La iglesia, con todo, se estableció para proclamar la verdad y recibir y guiar a aquellos que son transformados por la fe en Jesús, cuidando de ellos y corrigiéndolos, en lugar de divertirlos.

Esto es porque el "tamiz" de las Escrituras exige de los discípulos de Jesús un alto estándar de conducta (Ef 4.1ss). Con este alto estándar moral, está claro que las iglesias tradicionales serán criticadas por personas que no buscan valores así. De hecho, es más fácil frecuentar las iglesias "de moda", tan flexibles, irreverentes y permisivas. Después de todo, estas comunidades son más "light". En ellas no hay verdad absoluta para proteger, ni ninguna autoridad que defina la conducta de los creyentes. Cada cabeza marca su propia condena. En tales grupos no existe corrección o exhortación. En ellos, lo "políticamente correcto" está por encima de lo que es bíblicamente justo y el respeto por el supuesto "derecho" del hermano es mayor que el innegable "deber" de la obediencia a Cristo (Mt 16.24).

Por tanto, es fácil comprender por qué ha aumentado el número de personas que critican a las iglesias tradicionales. La frase que leí ("no es sin razón que la crítica a las iglesias tradicionales crece día a día") en un sentido merece aprobación, pues las iglesias llamadas tradicionales, en su vasta mayoría, son bíblicas, no negocian valores inmutables, no ceden a las presiones de la mayoría, ni ven objetivos financieros como indicadores de salud espiritual. Antes, su único deseo es agradar a aquél que los compró con su preciosa sangre.

Que la tradición de seguir sólo las Escrituras sea siempre la marca distintiva de nuestra iglesia y de cada creyente verdadero, aunque jamás seamos contados con la mayoría. Cabe recordar, que incluso Jesús dijo que la mayoría nunca lo seguiría. "Estrecha es la puerta que conduce al cielo y pocos entrarán por ella", dijo el Maestro. Que cada uno, por lo tanto,  elija con quien se quedará. Por la gracia, vamos a seguir siendo parte de la minoría... ¡con Jesús!

Pr. Marcos Samuel

Soli Deo gloria

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