Segunda, 27 de Março de 2017
   
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Tiempo de Campaña

Como estamos en medio de la campaña electoral, esta semana escuché nuevamente el chiste de un muerto que tenía que elegir si quería pasar la eternidad en el cielo o en el infierno. Después de observar la paz y la belleza del cielo, lo llevaron a conocer el infierno y, para su sorpresa, era un lugar muy interesante y agitado, lleno de gente feliz. Al ser interrogado, escogió el infierno y fue enviado allí. A su llegada, el lugar no era más interesante, sino sucio, feo y lleno de horrores. Entonces, indignado, preguntó por qué el lugar era diferente que antes. Alguien le respondió que cuando llegó por primera vez, ellos estaban "haciendo campaña".

Como ya conocía ese chiste, escuché mientras meditaba sobre cómo el mundo funciona de esa manera hacia los cristianos cuando los quiere engañar. Conocí a muchos chicos incrédulos que, para conquistar a la chica creyente y poder enamorarla, comenzaron a frecuentar la iglesia, cantar en el coro, distribuir boletines en la recepción y llamar a los demás de "hermano". Conocí también chicas que, para conquistar al chico, compraron una Biblia, comenzaron a vestirse con más recato y decir que su sueño era "servir al Señor".

En casi todos estos casos, la mayoría de estas cualidades forjadas desapareció cuando el cortejo comenzó. ¿Por qué? Porque antes ellos estaban "haciendo campaña". Tenían que convencer a los chicos y chicas creyentes, además de sus familias, de que eran buena gente, personas interesadas en Dios y su enseñanza. He perdido la cuenta de cuántos de estos jóvenes "en campaña" terminaron embarazando a las chicas o sacando de la iglesia a sus enamorados. Esto es porque, después de la campaña, se puede volver a vivir de acuerdo con su propio carácter.

Pero la culpa no es sólo de los incrédulos que quieren enamorar creyentes. También es de los creyentes que tienen curiosidad y atracción por el mundo. Contrariamente a las advertencias bíblicas y pastorales, muchos creyentes se aventuran a pasear en medio del pecado, seguros de que son capaces de discernir las trampas de Satanás y dominar sus impulsos carnales. Recuerdo dos personajes bíblicos que actuaron de esta manera: Sansón y Dinah. Sansón fue a la ciudad de Timnat y “vio a una hija de los filisteos” (Jue 14.1-3). Se casó con ella y, en su fiesta de bodas, fue engañado por su esposa (Jue 14). Dinah, hija de Jacob, "salió para ver a las hijas de la tierra" y fue violada por un muchacho que la codició (Gn 34.1,2). El resultado fue una matanza promovida por dos hermanos de Dinah para vengar su honor.

Para evitar estos desatinos, Dios dio a su iglesia directrices claras sobre los relacionamientos: el creyente no debe unirse a un incrédulo (2Cor 6.14,15). Con este fin, la iglesia debe actuar como protectora, enseñando lo correcto y disciplinando el pecado. En lugar de eso, algunas iglesias actúan como el tercer agente del mal al aprobar enamoramientos mixtos o al hacerse de la vista gorda ante ellos. Ya oí de pastores que el enamoramiento mixto no es pecado, sino apenas el matrimonio mixto lo es -ignorando que la función del enamoramiento es justamente llevar dos personas a la unión definitiva-, así como he oído decir que el enamoramiento entre creyente e incrédulo no es pecado, sino "falta de sabiduría". Mientras estos discursos anti bíblicos son dichos en los discursos de púlpito, más jóvenes enfrentan un embarazo no deseado y la desviación de la iglesia.

En  lugar de todo esto, observando la enseñanza del Señor a través de su Palabra, enseñemos a los jóvenes que el enamoramiento es algo serio, que tiene como objetivo el matrimonio, y que:

1) Debe ser realizado con alguien que también crea y tema al Señor Jesús (1Cor 10.21);

2) Debe ser fruto de oración y en el tiempo determinado por Dios (Ec 3.1,5; Flp 4.6);

3) Debe estar de acuerdo con la determinación de los padres (Ef 6.1-3), la orientación de los pastores (Hb 13.17) y siguiendo las enseñanzas de la Palabra de Dios (Lc 6.46);

4) Debe ser santo (1P 1.16) y debe glorificar a nuestro Señor (1Cor 6.20).

Por lo tanto, cuidado con las "campañas" de los enemigos del Maestro. A ejemplo de las campañas electorales, ellas también nos presentan sus "santitos".

Pr. Thomas Tronco

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