Sexta, 15 de Dezembro de 2017
   
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Parece Cordero, pero Habla como Dragón

Vivimos días terribles, días que jamás imaginé contemplar. No digo esto sólo por causa de la maldad que prolifera exponencialmente en la vida de aquellos que abiertamente viven alejados de Cristo. Infelizmente, hasta nos acostumbramos a escuchar historias crueles como de hijos que matan a sus padres, padres que arrojan a sus hijos por la ventana, madres que abandonan recién nacidos en la basura, futbolistas que matan a sus enamoradas, sacerdotes pederastas o pedófilos, políticos corruptos, etc.

Mientras tanto, la aterradora maldad, que antiguamente se quedaba al acecho en lugares escondidos, mudó osadamente su abordaje. El mal dejó sus trincheras para caminar en plena luz del día y, vorazmente, embestir sobre todos. La perversidad, el engaño, los desvíos de conducta como homosexualidad, homicidios, idolatrías, inmoralidades, adulterios, divorcios, mentiras y enseñanzas engañosas, cosas tan comunes en la vida de aquellos que están perdidos sin Cristo, dejaron de ser ¡algo "exclusivo" de ellos!

El mal es sagaz, perseverante y astuto como una serpiente. Abandonó su apariencia real (2Cor 11.14), se bañó y entró en las mejores universidades, conquistó títulos y diversos doctorados, dominó con fluidez muchos idiomas, visitó numerosos países y cuando estuvo listo, dio su golpe más cruel: colocó su mejor ropa y asumió el púlpito de muchas iglesias. Transformado en un poderoso intelectual, el mal descubrió que para matar a la presa, no siempre es necesario dilacerarlas ferozmente. ¡No! Él las mata por dentro, lentamente, por el corazón. ¿Cómo? Es simple. Con palabras bonitas y poder de persuasión, enseña mentiras, ofreciendo dominicalmente dulces porciones de intelectualidad vacía y filosofías meramente humanas.

Ya oí, de púlpitos brasileños, lecciones que enseñaban que Abraham fue un "banana" por entregar a su hijo Isaac en sacrificio sin luchar con Dios; que el sexo fuera del matrimonio es lícito, desde que se realice con respeto y fidelidad; que los creyentes necesitan "libertarse de Jesús", dejando de ser tan dependientes de él; y que la relación amorosa entre creyente e incrédulo no es pecado, sino apenas falta de sabiduría.

Estos argumentos cambian la verdad de las Escrituras por una intelectualidad vacía, aunque diplomada, la cual es ovacionada por creyentes rasos y falsos hermanos. No hay nada malo en ser intelectual. Lo malo es colocar la mente humana por encima de las Escrituras, despreciando lo que nos enseña, como: "Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento" (Pr 3.5).

Esta realidad, que me causa tanta tristeza, no debería ser motivo de espanto. Dios nos advirtió que el mal entraría en la iglesia y no perdonaría al rebaño y que vendrían tiempos en que los líderes hablarían cosas corrompidas. El apóstol dijo: "Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar tras sí discípulos" (Hch 20.29-30).

Por lo tanto, no debemos juzgar a un predicador, profesor o intelectual por su apariencia u oratoria. Si así lo hacemos, sin duda erraremos. Juzguen a los hermanos y a los falsos hermanos a la luz de lo que ellos enseñan y no a la luz del resultado que ellos transitoriamente alcanzan. En Apocalipsis, Juan nos dice que el falso profeta, aquél que por sus discursos y prodigios seducirá a miles de personas, llevándolas a adorar al anticristo, tiene una característica muy similar a la de muchos pastores e intelectuales de la actualidad. Apocalipsis 13.11-14 dice: "Después vi otra bestia que subía de la tierra. Tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón. [...] Hace que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia [...] Engaña a los habitantes de la tierra".

El dragón y el cordero son conocidos y diferenciados por su forma de hablar. El mal en la iglesia no será identificado si nos fijamos en el número de miembros que tiene, el valor financiero que recauda, los diplomas que sus líderes o pastores han colgado en la pared, cuán intelectuales o filosóficos demuestren ser o el tamaño de la construcción de la iglesia. La iglesia es reconocida por lo que se enseña desde su púlpito, pues de allí manará vida o muerte. Lucas escribió: "Estos (los de Berea) eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así" (Hch 17.11).

Examine las Escrituras todos los días para ver si la enseñanza del púlpito está de acuerdo con la Biblia. Los verdaderos maestros no quedarán intimidados por ello, pero los falsos intelectuales sí, visto que alguien sabiamente dijo: "La verdad quiere ser puesta a prueba...".

“MÁS CRISTO, MENOS INTELECTUALIDAD VACÍA”.

Pr. Marcos Samuel

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