Sexta, 24 de Fevereiro de 2017
   
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La Angustia del Cristiano y el 'Salmo 4'

Últimamente, algunas noticias me han abatido. No me refiero a los desastres naturales, a los terribles crímenes reportados en los periódicos o al curso de las elecciones de nuestro país. Estoy impresionado con el rumbo de la iglesia. Digo "iglesia" de forma genérica, pues gran parte de lo que se llama con este nombre no guarda ninguna semejanza con la iglesia de Cristo que se describe en las Escrituras. Son, en cambio, guaridas de embaucadores que, con un lenguaje marcado por palabras sacadas de la Biblia y con promesas que los políticos más mentirosos envidiarían, engañan personas desesperadas que buscan soluciones para su vida cotidiana, sin buscar soluciones para el pecado que las separa de Dios.

Aparte de la tristeza de ver ladrones hacer comercio de las personas mientras dicen ser siervos de Dios, cumpliendo, así, lo que fue predicho por Pedro (2P 2.1-3), las tareas diarias que se acumulan unas sobre otras y la falta de resultado de diversas inversiones también me han cansado y angustiado. Son cosas que acaban con el sueño.

En esos momentos, recuerdo el Salmo 4. En él, David se dirige al Señor llamándolo "Dios, justicia mía" y le dice: "Cuando estaba en angustia, tú me diste alivio. Ten misericordia de mí y oye mi oración" (v. 1). Sabiendo que el contexto del salmo muestra a David en un momento de tristeza, preocupación y angustia, hay tres verdades en este texto que siempre me animan.

La primera es que el Señor trata a sus siervos de manera especial (v. 3). El texto dice que Dios "distingue a aquél que es piadoso" (ARA) o que él lo "escogió" (NVI). La palabra hebrea palah (פָּלָה), en la forma en que está, significa "separar" o "tratar con preferencia". De este modo, aunque el mundo sea incluso inhóspito para los cristianos, el Señor nos trata de la manera característica en que los padres tratan a sus hijos.

La segunda es que el Señor es el objetivo de nuestra confianza (vv. 4-6). En estos versículos, David dice que el siervo de Dios no debe obrar mal cuando recibe el mal; antes bien, debe refrenar sus impulsos debido a la alabanza que entrega a su Dios. Ante una instrucción tan contraria a los impulsos humanos, él imagina a alguien lamentándose y preguntando quién podría entonces establecer la justicia que fue echada a perder. La respuesta viene en forma de una oración en la que el rey clama: "Señor, alza sobre nosotros la luz de tu rostro". Es un pedido munido de esperanza en la fidelidad, en el poder y en la capacidad de Dios de, un día, sacar a luz la justicia que ahora nos parece muerta.

La tercera verdad es que el Señor da la verdadera alegría (v. 7). David relata aquí, su propia relación con Dios y su experiencia personal, recordando que él es alguien que pasó por innumerables tristezas e injusticias. Él compara la alegría que el Señor le dio a la alegría de los hombres cuando el Señor “les abundaba su grano y su mosto”. Una traducción literal sería: "Me diste más alegría que cuando el grano y el vino de ellos se multiplica". En resumen, la alegría generada por la prosperidad financiera no era superior a la que Dios producía en David al relacionarse con él.

El resultado de la contemplación de estas verdades por el salmista producía en él lo mismo que produce en mí: paz y seguridad. Esto es revelado en el v. 8, cuando David dice: "En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque sólo tú, Jehová, me haces vivir confiado." El insomnio del rey – y mi insomnio – se curan al recordar el trato que recibimos de nuestro Padre celestial y la relación que nutrimos con él a través de nuestro Señor Jesucristo.

Que tales verdades alienten y produzcan esperanza en cada uno de nosotros, siervos de Dios y que, en nuestras horas de meditación nocturna... zzzzzzzzzzzz ...

Pr. Thomas Tronco

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