Sexta, 18 de Agosto de 2017
   
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¿Dios sabe quién ganará las elecciones?

Hasta hace algún tiempo, cualquier creyente de conocimiento bíblico superficial respondería a esa pregunta sin titubear: "¡Por supuesto que lo sabe!" Hoy, sin embargo, los cristianos ya no están así tan seguros. Es que un grupo relativamente reciente de teólogos y pastores comenzó a decir lo siguiente: "Si Dios conoce el futuro, entonces el futuro está fijo y listo y el hombre no tiene libertad de elección". ¡Uy! Vea lo que ingresó en el debate: por un lado estaba la presciencia divina; por otro lado la libertad del individuo. No pudiendo conciliar las dos cosas a través de la razón, estos "doctores" decidieron descartar una de ellas. ¿Y que decidieron descartar? ¿La presciencia de Dios o la libertad del hombre?

Es fácil de adivinar. En una época en que el ser humano es divinizado, en un tiempo en que las iglesias hacen del hombre el centro de sus cultos y en una fase de la historia en que las personas reciben libertad incluso para crear sus propias verdades, no fue difícil escoger lo que debía ser tirado a la basura. Entonces, echaron fuera la presciencia; la sacrificaron en el altar sagrado del libre albedrio. Resultado: nuevas enseñanzas surgieron diciendo que Dios no conoce el futuro y que el hombre es libre para construir su destino sin ninguna influencia divina que determine el curso de la historia. Es como si este nuevo dios dijese a cada persona: "¡Hijo mío que estás en la tierra, construye tu propio reino, sea hecha tu voluntad, así en la Tierra como en el cielo!"

Este imperio de la voluntad humana sobre la presciencia y varios otros atributos divinos no encuentra, sin embargo, apoyo en las Sagradas Escrituras. Con respecto a quién debe gobernar un país, por ejemplo, la Biblia muestra que la decisión final acerca de eso reposa en el Dios verdadero. En el libro de Daniel, por lo menos tres veces, aparece la frase "el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere" (Dn 4.17,25,32).

Vemos así que Dios conoce de antemano quién va a gobernar un país. Y más: él no lo sabe porque dio un vistazo "en el corredor de la historia" y vio quien llegaría al "trono", sino porque él mismo escribió la historia y tiene poder suficiente para investir de autoridad a aquél que soberana, sabia y previamente decidió que gobernaría. Es por esto que Jesús dijo a Pilato: "Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuera dada de arriba..." (Jn 19.11).

¿Cómo conciliar esto con la libertad humana? Cómo aceptar esta verdad y, al mismo tiempo, ser responsable de mi voto en el día de la jornada electoral. En cuanto a la libertad humana, ya es hora de que el pueblo evangélico entienda que, por encima del tan soñado libre albedrio del hombre está el verdadero libre albedrio de Dios. Él sí tiene libre voluntad y hace lo que quiere soberanamente sin que nadie pueda alterar sus planes (Is 43.13). Además, él tiene el derecho y el poder hasta de cambiar la voluntad de las personas para que ellas cumplan sus santos designios (Pr 21.1). Sí, en la Biblia es la voluntad humana que retrocede ante el irresistible querer de Dios. Decididamente, tomando las palabras del antiguo Tertuliano de Cartago (m. 220), el dios de estos nuevos filósofos ¡no es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob!

Pero ¿y qué pasa con la responsabilidad personal? Nuevamente: ¿puedo ser considerado responsable por mi voto? En este punto la Biblia realmente nos deja intrigados. Su respuesta es “Sí... ¡Usted es responsable!” ¿Cómo? Si Dios todo lo había planeado previamente y las cosas sucederán conforme su querer, ¿por qué somos responsables? Lamento informar: la Biblia afirma este dilema, pero no lo resuelve. Vea lo que Jesús dijo: “El Hijo del hombre va, como fue determinado (aquí está la presciencia y la soberanía divina); pero ¡ay de aquél que lo traicione!” (aquí está la responsabilidad humana). ¿Cómo conciliar las dos realidades? No sabemos. Dios lo escondió de nosotros. Y es mejor decir "no sé" y ser aparentemente un burro que echar fuera la presciencia y ser un hereje de verdad.

Es para estos últimos que dirijo las pesadas palabras del profeta Isaías: “Acordaos de esto y avergonzaos. ¡Volved en vosotros, rebeldes! Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos, porque yo soy Dios; y no hay otro Dios, ni nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi plan permanecerá y haré todo lo que quiero". (Is 46.8-10).

Pastor Marcos Granconato

Soli Deo gloria

PD: Aún sin tener la presciencia, pero por medio de otros mecanismos, creo que hasta yo sé de antemano quién va a ganar las elecciones. Sin embargo, no será con mi voto, por el cual sigo siendo absolutamente responsable, aunque haya un Dios soberano en el cielo.

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