Quarta, 28 de Junho de 2017
   
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Feng Shui

“Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican”. (Sal 127.1).

"La ignorancia es, de las pestes, la peor". Si mal no recuerdo, quién dijo esta frase fue el reformador alemán Philipp Melanchthon, refiriéndose al desconocimiento de Dios y de su Palabra. A esto Calvino acrecentó que la hija de la ignorancia es la superstición. Los dos tenían razón. En efecto, la ignorancia acerca de Dios es una peste, ya que mata el alma de las personas después de succionar toda su vitalidad. Esta enfermedad hace aflorar la superstición porque el hombre que no conoce las verdades espirituales termina inventando mitos a fin de satisfacer la sed de algo que va más allá de aquello que se puede probar con los sentidos del cuerpo.

A pesar de Melanchthon y Calvino haber vivido hace casi quinientos años, esas frases que dijeron todavía son válidas. Y valen para personas de cualquier clase social o nivel intelectual. Una de las pruebas más claras de esto es el Feng Shui, una forma de hacer arquitectura y decoración que ha sido intensamente solicitada por personas del mundo entero a la hora de construir o reformar.

¿Qué es exactamente el Feng Shui? La expresión significa "viento y agua". Es una tradición china que tiene como objetivo disponer los detalles de una edificación de tal manera que la "energía" de sus ambientes quede organizada. Según dicen, cuando esto se logra, esa energía produce armonía y, entonces, todos o casi todos los problemas de una casa y de las personas que viven en ella se resuelven. De acuerdo con esta creencia, el predio construido y organizado dentro de los padrones del Feng Shui, por tener en cuenta la "orientación magnética" de la edificación y la "influencia de vibraciones" del ambiente, reunirá esas fuerzas de tal manera que allí reinarán la paz, la salud y la prosperidad.

¡Cómo son dignas de lástima las personas afectadas por la peste de la superstición! Reflexione: ¿Será que realmente es posible evitar conflictos en el matrimonio instalando zócalos de treinta centímetros en la puerta principal de la casa, como hacen aquellos que creen en esa tradición china? ¿Será que los gritos de un adolescente rebelde darán lugar a palabras dulces y amables si yo cambiara su cama de lugar e impidiera que él duerma debajo de una viga de concreto? ¿Es realmente posible que el formato de la cocina ablande el mal genio de la mujer rencillosa? ¿Será que la paz interior tan ansiada por los hombres invadirá el corazón de quien no trabaja dando la espalda a la puerta? ¿Puede realmente el hogar ser feliz, armonioso y próspero si pinto las paredes de la sala de otro color? ¿Y si instalara un espejo enfrente de la entrada principal? ¿Esto salvaría mi familia de discordias, enfermedades, problemas financieros, y otros malestares? ¡Ah, tengan piedad!

Gracias a Dios, los creyentes fueron libertados de estos pensamientos inútiles y de tantas filosofías vanas. Como cristianos que conocen la verdad, sabemos que el hogar sólo puede ser armonioso si cada miembro de él fuera, en sí mismo, una casa donde Cristo habita (Ap 3.20). Sabemos que la familia sólo será feliz si el marido, la esposa y los hijos desempeñaren sus respectivos papeles de forma obediente, cada cual ocupando la función que Dios le dio en la vida doméstica (Ef 5.22-28; 6.1-4; 1P 3.1-7). Sabemos que la paz sólo existirá en la dirección de aquellos que permiten que el Espíritu Santo y no la naturaleza terrenal los domine (Gál 5.16-26; Ef 4.22-32). De hecho, sabemos que, si estas cosas no fueren reales en una familia, la casa será un depósito de frustraciones, angustias, griterías, falta de respeto, miedo e infelicidad, no importa el tamaño del zócalo.

Feng Shui viento y agua. El nombre, por lo menos, es sugestivo. De hecho, sugiere una triste realidad. Señala cómo se puede describir a la persona afectada por la peste de la ignorancia el hombre triste que, por falta de instrucción, abriga creencias supersticiosas. Por conocer nada de Dios y por ser tan infeliz, tal persona ilustra en sí misma el sentido de la expresión china. Feng Shui – Sí, gente con la cabeza llena de viento y los ojos cubiertos de agua.

Pr. Marcos Granconato
Soli Deo gloria

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