Quarta, 28 de Junho de 2017
   
Tamanho do Texto

Pesquisar

Disposiciones Necesarias para el Cristiano

Charles H. Spurgeon (1834-1892), conocido como "el príncipe de los predicadores", dirigió una famosa escuela que entrenaba hombres para el ministerio cristiano. En una de sus clases sobre el tema "predicación al aire libre", contó la historia de un misionero en Irlanda, país de tradición religiosa romanista, llamado Gideon Ouseley (C.H. Spurgeon, Lecciones a Mis Alumnos, Vol. 1, Edit. Fiel, 1990, págs. 80-83). Este hombre, sabiamente, solía predicar delante de las vidrieras de cristal de las farmacias y casas de católicos para reprimir la furia de los "tiradores" que, dudosos de su puntería, evitarían arrojarle tantas cosas.

En una de sus predicaciones, Spurgeon contó a sus alumnos, Ouseley, desde una escalinata en frente del mercado de Enniscorthy, comenzó a atraer oyentes al cantar un himno. La curiosidad promovió un clima ameno entre los transeúntes hasta el final de la oración del predicador. Sin embargo, bastó iniciar el mensaje para que Gideon Ouseley fuese el blanco, primero, de verduras estropeadas, patatas y nabos y, después, de fragmentos de teja y piedras, que causaron algunas heridas leves.

En ese momento, el predicador sorprendió a la multitud al decir que su mensaje sería agradable para ellos, pues se trataba de la "bendita virgen". La violencia cesó y la atención del público fue toda sobre el hombre. Él pasó a narrar las bodas en Caná de Galilea, cuando la "virgen madre" notificó al Salvador de que los novios no tenían más vino y, dirigiéndose a un sirviente, conociendo el corazón y el carácter de su hijo, le dijo: "Haced todo lo que él os diga" (Jn 2.5). A partir de entonces, Ouseley pasó a citar frases de Jesús como "esforzaos a entrar por la puerta angosta, porque os digo que muchos intentarán entrar y no podrán" (Lc 13.24) y "el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios" (Jn 3.5), completando con la frase: "Haced todo lo que él os diga". En un momento dado, surgió de la multitud, una voz: "Usted tiene razón, tiene razón".

Esta historia me recuerda dos disposiciones necesarias a todo cristiano, ejemplificadas en esta experiencia de Gideon Ouseley:

1. El compromiso de predicar el Evangelio. El evangelismo es una orden (Mt 28.19; Hch 1.8) que debe ser cumplida por la Iglesia de Cristo como vocación (1P 2.9) y con todo empeño y abnegación (2Tm 4.2). Incluso cuando es alto el costo de hablar de las buenas nuevas de salvación, el creyente no debe intimidarse al hablar de Jesús (Hch 4.18-21; 2Tm 1.8), sino depender del auxilio y la protección de Dios (Hch 18.9-11).

2. El aprendizaje y la memorización de las Escrituras. No se puede hablar sobre aquello que no se conoce. La habilidad de Ouseley, narrada anteriormente, sólo fue posible porque él conocía bien la Biblia y podía usarla como una herramienta. Sin el conocimiento de la Palabra de Dios, no se puede enseñar, exhortar o corregir (2Tm 3.16,17). Es necesario estar preparado para presentar las razones de nuestra fe (1P 3.15), basándola en su fuente. Sin el conocimiento y la aplicación de las Escrituras, no hay, de hecho, evangelismo (Rm 1.16).

Por un lado, es correcto pensar que sería muy bueno tener nuevamente a Gideon Ouseley para predicar el Evangelio con tanta osadía, sabiduría y conocimiento de la Palabra. Por otro lado, es irrelevante la presencia o ausencia de ciertos nombres, ya que a la Iglesia en su conjunto, le fueron dadas las Escrituras, así como el llamado y la capacitación para el evangelismo. Muchos Gideons Ouseleys pueden y deben predicar hoy en día, incluso entre los de nuestra iglesia.

Debemos tener coraje, compromiso y osadía para hablar de Jesús y conducir los perdidos hasta él. Es cierto que a menudo nos arrojarán piedras y fragmentos de teja, pero nos empeñamos en la santa esperanza de oír, en medio de la muchedumbre, algunos que digan: "Usted tiene razón, tiene razón".

Pr. Thomas Tronco

Este site é melhor visualizado em Mozilla Firefox, Google Chrome ou Opera.
© Copyright 2009, todos os direitos reservados.
Igreja Batista Redenção.